martes, 8 de septiembre de 2026

Capitulo 8. La revolución tecnológica

 

8. La revolución tecnológica

8.1. Digitalización de la economía
8.2. Plataformas y mercados de dos lados
8.3. Externalidades de red
8.4. Datos como recurso económico
8.5. Software e intangibles
8.6. Propiedad intelectual
8.7. Semiconductores
8.8. Inteligencia artificial
8.9. Tecnología y productividad
8.10. Concentración del poder tecnológico


La transformación de la economía internacional desde finales del siglo XX no puede comprenderse únicamente mediante la globalización productiva y financiera.

Existe una tercera ruptura de igual importancia:

la revolución tecnológica.

La digitalización modificó simultáneamente:

la organización de las empresas,

la naturaleza de los mercados,

la localización de la producción,

la forma de comerciar,

la estructura de costes,

la acumulación de capital,

la innovación

y la distribución del poder económico.

Durante la economía industrial tradicional, los principales factores productivos podían representarse de manera relativamente sencilla:

trabajo, capital, tierra y recursos naturales.

El conocimiento siempre había sido fundamental.

La tecnología también

Pero con la digitalización, determinados activos intangibles comenzaron a adquirir una importancia mucho mayor:

software,

datos,

algoritmos,

patentes,

diseño,

marcas,

propiedad intelectual,

capacidad computacional

y redes de usuarios.

Esto produjo una transformación profunda.

Una empresa podía adquirir un enorme valor económico sin poseer una cantidad equivalente de activos físicos.

Un producto digital podía reproducirse millones de veces con un coste marginal extraordinariamente bajo.

Una plataforma podía conectar productores y consumidores sin fabricar directamente aquello que intercambiaban.

Los datos generados por los usuarios podían mejorar algoritmos.

La mejora del algoritmo atraía nuevos usuarios.

Los nuevos usuarios generaban más datos.

Y esos datos reforzaban nuevamente la ventaja de la plataforma.

La economía digital introducía así nuevos feedbacks acumulativos.

Al mismo tiempo, algunas tecnologías fundamentales requerían enormes inversiones físicas.

La nube necesitaba centros de datos.

La inteligencia artificial necesitaba semiconductores.

Los semiconductores necesitaban fábricas extraordinariamente sofisticadas.

Las fábricas necesitaban maquinaria especializada.

La digitalización no eliminaba la economía material.

La reorganizaba.

Detrás de un servicio aparentemente intangible podía existir una enorme infraestructura física de:

energía,

chips,

cables,

centros de datos,

satélites

y redes de telecomunicaciones.

La distinción entre economía digital y economía industrial comenzaba, por tanto, a perder sentido.

La tecnología se convertía progresivamente en una infraestructura transversal de todo el sistema productivo.

Esta transformación tendrá una consecuencia fundamental para la economía internacional:

la capacidad tecnológica dejará de ser únicamente una fuente de productividad para convertirse también en un factor de dependencia, concentración y poder.


8.1. Digitalización de la economía

La digitalización puede entenderse, en términos generales, como la transformación de información, procesos y actividades económicas mediante tecnologías digitales.

Su impacto ha sido mucho más profundo que la simple aparición de nuevos productos.

La informática comenzó modificando tareas concretas.

Contabilidad.

Diseño.

Gestión de inventarios.

Procesamiento de información.

Comunicaciones.

Pero progresivamente empezó a reorganizar procesos productivos completos.

Las empresas podían coordinar operaciones internacionales en tiempo real.

Los proveedores podían compartir información sobre:

inventarios,

pedidos,

producción,

diseño

y logística.

Las cadenas globales de valor estudiadas en el capítulo 5 habrían resultado mucho más difíciles de organizar sin esta revolución informacional.

La digitalización redujo uno de los costes más importantes de cualquier sistema económico:

el coste de coordinación.

Cuando coordinar resulta caro, las actividades tienden a concentrarse.

Cuando coordinar a distancia se vuelve barato, las empresas pueden fragmentar procesos.

Esto explica por qué globalización productiva y revolución digital avanzaron conjuntamente.

Las tecnologías de información permitieron separar geográficamente actividades que antes necesitaban proximidad.

Una empresa podía diseñar en California.

Coordinar proveedores asiáticos.

Gestionar inventarios desde Europa.

Procesar datos en centros de datos distribuidos internacionalmente.

Y vender simultáneamente en decenas de países.

La empresa adquiría una estructura genuinamente transnacional.

Pero la digitalización produjo también el movimiento opuesto.

Si reducía los costes de coordinación de redes productivas dispersas, también permitía concentrar determinadas funciones globalmente.

Un mismo software podía servir a millones de usuarios.

Una misma plataforma podía coordinar mercados internacionales.

Un único proveedor de nube podía prestar infraestructura digital a empresas de numerosos países.

Una sola arquitectura tecnológica podía convertirse en estándar global.

Por tanto, la digitalización genera simultáneamente:

dispersión productiva

y

concentración funcional.

Esta dualidad será una característica recurrente del nuevo sistema.


8.2. Plataformas y mercados de dos lados

Una de las formas empresariales más características de la economía digital es la plataforma.

Una plataforma no produce necesariamente el bien o servicio que intercambian sus usuarios.

Su función principal consiste en conectar diferentes grupos.

Compradores y vendedores.

Conductores y pasajeros.

Anunciantes y consumidores.

Desarrolladores y usuarios.

Comercios y clientes.

Creadores y audiencias.

Esta estructura suele describirse mediante el concepto de mercado de dos lados o, más ampliamente, mercado multisided.

La característica fundamental es que el valor que la plataforma ofrece a un grupo depende de la presencia de otro.

Una plataforma de comercio electrónico resulta más atractiva para los compradores cuantos más vendedores participan.

Pero también resulta más atractiva para los vendedores cuantos más compradores existen.

Surge así un proceso circular:

más compradores → más vendedores → mayor variedad → más compradores.

Este mecanismo altera profundamente la lógica competitiva.

En un mercado tradicional, una empresa puede crecer aumentando su producción.

En una plataforma, puede crecer aumentando la propia red.

La red se convierte en parte del producto.

Esto genera una diferencia importante respecto a muchas industrias tradicionales.

Una empresa que produce automóviles puede fabricar más coches.

Pero cada automóvil adicional no hace necesariamente más útil el automóvil de los demás consumidores.

En una red digital, cada nuevo participante puede aumentar directamente el valor para otros usuarios.

Aparecen entonces fuertes externalidades de red.


8.3. Externalidades de red y mercados winner-takes-most

Las externalidades de red pueden generar procesos acumulativos extraordinariamente fuertes.

Una plataforma con más usuarios resulta más útil.

Al resultar más útil atrae nuevos usuarios.

Los nuevos usuarios aumentan nuevamente su utilidad.

Este feedback positivo puede producir mercados muy concentrados.

La dinámica puede representarse de manera simplificada:

usuarios → valor de la red → nuevos usuarios → más valor.

Si además la plataforma recopila datos, aparece un segundo feedback:

usuarios → datos → mejores servicios o algoritmos → más usuarios.

Y si los desarrolladores construyen aplicaciones complementarias, surge un tercero:

usuarios → desarrolladores → aplicaciones → más usuarios.

La combinación de estos mecanismos puede generar ecosistemas extraordinariamente difíciles de desafiar.

Esto no significa necesariamente que exista un monopolio absoluto.

Pueden coexistir varios competidores.

Pero la estructura puede tender hacia mercados de tipo:

winner-takes-most.

Un pequeño número de empresas captura una gran proporción de:

usuarios,

datos,

publicidad,

beneficios

o infraestructura.

Esta concentración introduce una cuestión que la teoría tradicional de economías de escala ya había anticipado, pero que adquiere una dimensión nueva.

En la economía industrial, la escala permitía producir más barato.

En la economía digital, la escala puede hacer también mejor el propio producto.

Un buscador con más datos puede mejorar resultados.

Una plataforma con más vendedores ofrece mayor variedad.

Una red social con más usuarios permite más conexiones.

La escala deja de ser únicamente una cuestión de coste.

Se convierte también en una ventaja informacional y de red.


8.4. Datos como recurso económico

Una de las afirmaciones más frecuentes de la economía digital es que los datos se han convertido en un nuevo factor productivo.

La expresión requiere matización.

Los datos no son equivalentes al petróleo, al trabajo o al capital físico.

Tienen características económicas diferentes.

Pueden copiarse.

Pueden utilizarse simultáneamente para múltiples fines.

Su valor depende del contexto.

Datos aislados pueden ser prácticamente inútiles.

Grandes bases de datos pueden tener poco valor si no existen herramientas capaces de analizarlas.

Su utilidad depende de:

calidad,

volumen,

variedad,

actualización,

capacidad computacional

y algoritmos.

Por ello, lo relevante no es simplemente poseer datos.

Es disponer del sistema necesario para transformarlos en información económicamente útil.

Esta observación encaja directamente con una de las proposiciones centrales de RMS:

un recurso no equivale automáticamente a una capacidad.

Datos sin:

infraestructura,

talento,

software,

capacidad computacional

y organización

pueden producir poco valor.

Cuando esos mecanismos existen, los datos pueden utilizarse para:

mejorar productos,

predecir demanda,

optimizar logística,

personalizar servicios,

automatizar decisiones,

entrenar modelos

o desarrollar nuevas tecnologías.

La acumulación de datos puede además reforzar posiciones empresariales.

Una empresa con millones de usuarios puede observar más comportamientos.

Esos datos pueden mejorar sus servicios.

La mejora atrae más usuarios.

Aparece nuevamente un proceso acumulativo.

Esto introduce una dimensión internacional.

Si los datos se generan en un país pero son procesados por empresas situadas en otro, ¿dónde se genera realmente el valor?

¿Quién controla la infraestructura?

¿Quién tiene acceso a la información?

¿Dónde se almacenan los datos?

¿Qué legislación se aplica?

La digitalización transforma así cuestiones aparentemente domésticas de privacidad o competencia en problemas de economía internacional.

Surgen conceptos como:

soberanía digital

y

localización de datos.

La información empieza a adquirir una dimensión estratégica.


8.5. Software e intangibles

La economía industrial tradicional estaba dominada por activos físicos.

Fábricas.

Maquinaria.

Edificios.

Vehículos.

Inventarios.

En la economía contemporánea, una proporción creciente del valor empresarial depende de activos intangibles.

Software.

Patentes.

Bases de datos.

Diseños.

Marcas.

Procesos organizativos.

Investigación.

Capital humano.

Estos activos presentan características económicas particulares.

Muchos requieren una inversión inicial elevada.

Pero después pueden reproducirse con costes marginales muy bajos.

Desarrollar un programa informático puede requerir millones de horas de trabajo.

Copiarlo posteriormente para un nuevo usuario puede costar prácticamente cero.

Esto genera fuertes economías de escala.

Una empresa que reparte grandes costes fijos entre millones de clientes puede alcanzar costes medios muy reducidos.

Además, numerosos activos intangibles pueden utilizarse simultáneamente en muchos lugares.

Una máquina física solo puede estar en un lugar concreto.

Un algoritmo puede utilizarse simultáneamente en múltiples países.

Un diseño puede incorporarse a millones de productos.

Una marca puede operar globalmente.

Esta característica facilita una expansión internacional extraordinariamente rápida.

Pero los intangibles plantean también nuevas dificultades de medición.

Las estadísticas económicas fueron construidas fundamentalmente para una economía material.

Es relativamente sencillo identificar dónde se encuentra una fábrica.

Resulta mucho más difícil determinar dónde se genera el valor de:

un algoritmo,

una patente,

una marca

o una base de datos.

Esto afecta a:

comercio,

productividad,

inversión,

beneficios

y fiscalidad internacional

Una empresa puede diseñar una tecnología en un país.

Registrar propiedad intelectual en otro.

Facturar servicios desde un tercero.

Mantener servidores en varios territorios.

Y vender globalmente.

La geografía económica de la empresa se vuelve mucho menos intuitiva.


8.6. Propiedad intelectual y nuevas ventajas comparativas

La propiedad intelectual adquirió una importancia creciente dentro de esta economía basada en conocimiento.

Patentes.

Copyright.

Secretos comerciales.

Diseños.

Marcas.

Software.

Todos ellos permiten proteger temporalmente determinados activos intangibles.

La lógica económica es conocida.

La innovación requiere inversión.

Pero el conocimiento puede copiarse con relativa facilidad una vez creado.

Si cualquier competidor pudiera reproducir inmediatamente una invención sin asumir los costes de desarrollarla, los incentivos privados para investigar podrían ser insuficientes.

Los derechos de propiedad intelectual intentan resolver este problema concediendo exclusividad temporal.

Pero desde una perspectiva internacional aparece otra dimensión.

La propiedad intelectual determina también cómo se distribuyen las rentas dentro de las cadenas globales.

Una economía puede fabricar físicamente un producto y capturar una parte limitada del valor añadido.

Otra puede poseer:

patentes,

software,

diseño

y marca

y apropiarse de una proporción mucho mayor.

Esto permite introducir una distinción fundamental:

capacidad de fabricar

y

capacidad de controlar el conocimiento que organiza la fabricación

no son equivalentes.

Durante la primera fase de globalización productiva, muchas economías avanzadas aceptaron externalizar parte de la fabricación manteniendo actividades de mayor valor añadido:

investigación,

diseño,

propiedad intelectual,

financiación

y marketing.

La hipótesis implícita era que conservar estas actividades permitiría mantener las posiciones más rentables de las cadenas.

Durante un tiempo, esta estrategia resultó extraordinariamente rentable para numerosas empresas.

Pero aparecería una pregunta posterior.

¿Puede una economía conservar indefinidamente capacidad de innovación si se separa demasiado de la producción?

La interacción entre:

investigación,

ingeniería,

fabricación

y aprendizaje práctico

puede ser más profunda de lo que sugiere una división sencilla entre “diseñar aquí y fabricar allí”.

Esta cuestión será especialmente importante cuando analicemos:

semiconductores,

baterías,

vehículos eléctricos

y otras tecnologías complejas.


8.7. Semiconductores: la infraestructura invisible de la economía digital

Pocas industrias representan tan bien la nueva economía internacional como los semiconductores.

Un chip es un producto físico.

Pero incorpora enormes cantidades de:

conocimiento,

diseño,

software,

ingeniería,

equipamiento,

materiales

y propiedad intelectual.

La cadena de semiconductores está además extraordinariamente fragmentada.

Diferentes empresas y países pueden especializarse en:

diseño,

arquitecturas,

software de diseño electrónico,

equipamiento de fabricación,

materiales,

fabricación avanzada,

memorias,

encapsulado

y ensamblaje.

Esta estructura produjo una cadena global altamente eficiente.

Cada actor podía concentrarse en aquello en lo que poseía ventajas muy profundas.

Pero también produjo una concentración extraordinaria de determinadas capacidades.

Algunas etapas críticas quedaron dominadas por:

muy pocas empresas

y

un número reducido de localizaciones.

Esto convierte los semiconductores en un ejemplo perfecto de la paradoja de la globalización productiva.

La especialización extrema aumenta productividad y simultáneamente puede aumentar dependencia.

Construir una planta avanzada requiere inversiones gigantescas.

Pero el capital financiero no es suficiente.

También son necesarios:

conocimiento acumulado,

personal altamente especializado,

proveedores,

equipos,

software,

materiales,

procedimientos

y experiencia productiva.

Una economía puede disponer de miles de millones para invertir y seguir necesitando años para desarrollar una capacidad competitiva.

Aquí aparece con enorme claridad la diferencia entre:

capital

y

capacidad.

La existencia del dinero necesario para comprar una fábrica no garantiza que exista el ecosistema necesario para operarla en la frontera tecnológica.

Los semiconductores anticipan así uno de los argumentos centrales del libro:

las capacidades complejas son stocks acumulativos de conocimiento, instituciones, empresas y experiencia que no pueden reproducirse instantáneamente.

Esta característica explica por qué determinadas tecnologías terminarán adquiriendo una importancia geoeconómica extraordinaria.


8.8. Inteligencia artificial

La inteligencia artificial constituye una nueva etapa dentro de esta transformación.

Su importancia potencial procede de que no debe interpretarse únicamente como un sector.

Puede convertirse en una tecnología de propósito general, capaz de afectar a múltiples actividades.

Investigación.

Programación.

Diseño.

Manufactura.

Logística.

Finanzas.

Sanidad.

Defensa.

Educación.

Servicios empresariales.

La economía de la inteligencia artificial depende de una combinación particular de recursos.

Datos.

Algoritmos.

Talento.

Semiconductores avanzados.

Capacidad computacional.

Electricidad.

Centros de datos.

Capital.

Infraestructura de nube.

Por tanto, un modelo de inteligencia artificial aparentemente intangible depende de una arquitectura profundamente material.

Esta característica vuelve a cuestionar la separación entre economía digital e industrial.

La inteligencia artificial necesita chips.

Los chips necesitan fábricas.

Las fábricas necesitan equipos extremadamente especializados.

Los centros de datos necesitan energía.

La energía necesita redes.

La frontera tecnológica digital descansa finalmente sobre una extensa infraestructura física.

Además, la IA presenta fuertes economías de escala.

Entrenar determinados sistemas avanzados puede exigir inversiones muy elevadas.

La acumulación de talento, datos y capacidad computacional puede generar barreras de entrada.

Y la integración con grandes plataformas existentes puede reforzar ventajas empresariales.

Esto plantea un problema económico que irá adquiriendo mayor importancia:

¿la inteligencia artificial ampliará la competencia o reforzará la concentración?

La respuesta probablemente dependerá de diferentes capas del sistema.

Pueden proliferar aplicaciones mientras se concentra la infraestructura.

Puede existir competencia entre desarrolladores y, al mismo tiempo, dependencia de unos pocos proveedores de:

chips,

nube

o modelos fundamentales.

Por ello, el análisis de la IA no puede limitarse a contar empresas.

Necesita estudiar la arquitectura completa de la capacidad tecnológica.


8.9. Tecnología y productividad

La revolución digital generó enormes expectativas de productividad.

Si las empresas podían:

automatizar procesos,

coordinarse mejor,

acceder instantáneamente a información,

optimizar producción

y sustituir tareas repetitivas,

parecía razonable esperar un fuerte incremento del crecimiento agregado de productividad.

Sin embargo, la relación entre innovación tecnológica y productividad macroeconómica no es automática.

Existe una diferencia entre:

inventar una tecnología

y

difundirla por todo el sistema productivo.

Una empresa líder puede adoptar rápidamente una herramienta.

Miles de pequeñas empresas pueden tardar años.

Una tecnología puede necesitar:

nuevas infraestructuras,

formación,

cambios organizativos,

inversiones complementarias

y rediseño de procesos

antes de producir todo su efecto.

Esto introduce una cuestión que será especialmente importante para Europa.

No basta con producir conocimiento científico.

La economía debe ser capaz de:

adoptarlo,

escalarlo

y difundirlo.

Una economía puede disponer de excelentes universidades y generar investigación de gran calidad, pero obtener un crecimiento reducido de productividad si:

sus empresas son pequeñas,

la inversión es insuficiente,

los mercados están fragmentados,

la financiación de crecimiento es limitada

o la tecnología se difunde lentamente.

De nuevo aparece la diferencia entre recurso y capacidad.

Conocimiento disponible no es igual a productividad.

Entre ambos existe un conjunto de mecanismos.

Esta es una cuestión esencial para RMS.

Una matriz tradicional puede medir:

gasto en I+D,

número de investigadores,

patentes

o titulados.

Pero si queremos comprender la competitividad real necesitamos preguntar:

¿qué mecanismos convierten esos recursos en innovación difundida, empresas escalables y productividad?


8.10. Concentración del poder tecnológico

La revolución tecnológica produjo finalmente una concentración creciente de determinadas capacidades.

Esto ocurrió tanto a nivel empresarial como territorial.

Grandes empresas digitales alcanzaron posiciones dominantes en:

búsqueda,

redes sociales,

comercio electrónico,

sistemas operativos,

servicios de nube,

publicidad digital

y diferentes capas de infraestructura tecnológica.

Al mismo tiempo, algunas regiones concentraron:

capital riesgo,

universidades,

talento,

empresas,

centros de investigación

y ecosistemas emprendedores.

La economía del conocimiento mostró así una tendencia semejante a la industria:

las capacidades pueden aglomerarse.

Las razones son múltiples.

El talento quiere trabajar donde existe talento.

El capital quiere invertir donde existen empresas.

Las empresas se sitúan donde existe capital.

Los proveedores especializados siguen a las empresas.

Las universidades atraen investigadores.

Los investigadores generan nuevas empresas.

La secuencia puede representarse como otro feedback:

talento → innovación → empresas → capital → más talento.

Los ecosistemas tecnológicos pueden convertirse, por tanto, en estructuras acumulativas.

Esto explica por qué resulta extremadamente difícil reproducirlos mediante una única política.

Crear un fondo público no crea automáticamente Silicon Valley.

Construir una universidad no crea automáticamente un cluster tecnológico.

Aprobar una ley favorable no crea automáticamente una industria.

Los ecosistemas emergen de la interacción entre múltiples recursos y mecanismos.

Esta observación será fundamental cuando posteriormente comparemos:

Estados Unidos,

China

y Europa.

Cada uno dispone de recursos significativos.

Pero los mecanismos mediante los cuales esos recursos se convierten en capacidades tecnológicas son muy diferentes.


8.11. De la tecnología comercial a la tecnología estratégica

Durante buena parte de la globalización, la tecnología fue tratada principalmente como fuente de crecimiento económico.

Una innovación aumentaba productividad.

Una empresa desarrollaba mejores productos.

La transferencia tecnológica podía beneficiar a economías receptoras.

La especialización permitía distribuir internacionalmente la producción tecnológica.

Esta lógica continúa siendo válida.

Pero algunas tecnologías comenzaron a adquirir otra dimensión.

Semiconductores avanzados.

Inteligencia artificial.

Computación cuántica.

Telecomunicaciones.

Ciberseguridad.

Satélites.

Biotecnología.

En estos ámbitos, la frontera entre:

capacidad económica

y

capacidad estratégica

se vuelve difusa.

Una tecnología puede aumentar productividad industrial y tener aplicaciones militares.

Una infraestructura digital puede facilitar comercio y almacenar información crítica.

Una red de telecomunicaciones puede ofrecer eficiencia económica y convertirse en cuestión de seguridad.

Un semiconductor puede utilizarse en un teléfono, un automóvil o un sistema de defensa.

Por ello, los gobiernos comienzan a preguntarse no únicamente:

¿quién produce esta tecnología más eficientemente?

sino:

¿quién controla esta tecnología?

El cambio parece pequeño.

En realidad es enorme.

La primera pregunta pertenece fundamentalmente a la economía de la eficiencia.

La segunda introduce:

dependencia,

seguridad



resiliencia

y poder.

La tecnología comienza a convertirse en un objeto central de la geoeconomía.


8.12. Estándares y poder de mercado

Existe además una dimensión menos visible de la competencia tecnológica:

los estándares.

Las tecnologías necesitan reglas de compatibilidad.

Protocolos.

Interfaces.

Formatos.

Normas.

Especificaciones.

Quien participa en la definición de estándares puede adquirir ventajas significativas.

Un estándar ampliamente adoptado puede crear un ecosistema alrededor de una determinada tecnología.

Las empresas invierten en productos compatibles.

Los usuarios aprenden el sistema.

Los proveedores desarrollan complementos.

Cambiar posteriormente puede resultar costoso.

Surgen costes de cambio y situaciones de lock-in.

Esto significa que la competencia tecnológica no ocurre únicamente mediante precios.

También ocurre mediante:

arquitecturas,

protocolos

y estándares.

La empresa o país capaz de establecer un estándar puede influir sobre la evolución futura de todo un mercado.

Este mecanismo será especialmente relevante en:

telecomunicaciones,

tecnologías digitales,

inteligencia artificial,

vehículos eléctricos,

pagos

y transición energética.

La capacidad regulatoria adquiere entonces también dimensión económica.

Un mercado de gran tamaño puede establecer normas que empresas extranjeras terminan adoptando porque no quieren renunciar a acceder a él.

Regulación y mercado pueden convertirse así en fuentes de influencia internacional.


8.13. El comercio de servicios y la desaparición parcial de la distancia

La digitalización transformó también el comercio internacional de servicios.

Históricamente, numerosos servicios necesitaban proximidad física.

Un médico.

Un contable.

Un profesor.

Un diseñador.

Un programador.

Un asesor.

La revolución digital permitió que una parte creciente de estas actividades pudiera prestarse a distancia.

Esto amplió enormemente el campo de la especialización internacional.

La lógica del offshoring dejó de aplicarse únicamente a fábricas.

Podían desplazarse internacionalmente:

programación,

servicios financieros,

contabilidad,

diseño,

atención al cliente,

análisis de datos

y múltiples servicios empresariales.

La frontera entre comercio de bienes y comercio de servicios comenzó a hacerse menos clara.

Un automóvil moderno incorpora una cantidad creciente de software.

Una máquina industrial puede venderse acompañada de servicios digitales.

Una plataforma puede intermediar una transacción física mediante una infraestructura intangible.

El contenido digital del valor económico aumenta.

Esto genera también nuevas preguntas estadísticas.

¿Dónde se produce un servicio digital?

¿Dónde se exporta?

¿Dónde se consume?

¿Dónde tributan los beneficios?

¿Qué país debe atribuirse el valor creado por un algoritmo utilizado globalmente?

El sistema estadístico diseñado para una economía predominantemente material encuentra crecientes dificultades para representar estas actividades.


8.14. La paradoja de los intangibles

Los intangibles generan otra paradoja importante.

Pueden viajar globalmente con enorme facilidad.

Pero su creación tiende frecuentemente a concentrarse.

Un software puede venderse instantáneamente en cien países.

Pero los equipos capaces de producir determinadas tecnologías pueden encontrarse concentrados en unas pocas ciudades.

La globalización digital es simultáneamente:

global en distribución

y

concentrada en creación.

Esto ayuda a explicar por qué la economía digital puede producir empresas de enorme alcance internacional con una huella física relativamente limitada.

Y también por qué algunas regiones capturan una proporción desproporcionada del valor económico generado por las nuevas tecnologías.

La geografía continúa importando.

Pero importa de forma diferente.

La distancia pierde relevancia para distribuir una tecnología.

Puede conservar una enorme importancia para crearla.


8.15. Tecnología, dependencia y tiempo

La revolución tecnológica permite introducir finalmente una variable que será central durante el resto del libro:

el tiempo necesario para reproducir una capacidad.

Una economía puede importar un producto tecnológico durante décadas y decidir posteriormente que necesita fabricarlo internamente.

Pero no todas las capacidades pueden reconstruirse con la misma velocidad.

Puede ser relativamente sencillo sustituir un producto genérico.

Puede resultar extraordinariamente difícil sustituir:

una máquina extremadamente especializada,

un ecosistema de semiconductores,

una plataforma digital,

un sistema operativo

o una cadena científica acumulada durante décadas.

Por tanto, la dependencia tecnológica no debe medirse únicamente mediante el porcentaje de importaciones.

Necesitamos incorporar:

concentración,

criticidad,

sustituibilidad,

conocimiento,

escala

y tiempo.

Esta última dimensión resulta especialmente importante.

Una dependencia que puede sustituirse en tres meses es cualitativamente diferente de otra que requiere diez años de inversión.

Por ello:

el tiempo forma parte de la dependencia.

Y también forma parte de la capacidad.

Una economía no posee únicamente aquello que puede hacer.

Importa también cuánto tarda en hacerlo.

Esta idea tendrá posteriormente una presencia central en la matriz RMS.


De capital y trabajo a sistemas de capacidades

La revolución tecnológica obliga a reconsiderar la forma en que representamos los factores productivos.

El paradigma tradicional podía describir una economía mediante:

capital,

trabajo,

tierra

y tecnología.

El nuevo sistema exige una representación más rica.

Importan:

capital físico,

capital financiero,

capital humano,

conocimiento,

propiedad intelectual,

datos,

capacidad computacional,

energía,

infraestructura,

software,

instituciones,

redes,

proveedores

y ecosistemas.

Pero simplemente enumerar estos recursos tampoco es suficiente.

Una economía puede disponer de muchos de ellos y obtener resultados pobres.

La cuestión fundamental es cómo se combinan.

Por ello resulta más útil pensar en términos de:

recursos + mecanismos → capacidades.

Un país puede tener científicos.

Pero sin financiación, empresas e infraestructuras quizá no genere una industria.

Puede tener capital.

Pero sin proyectos, tecnología y capacidad empresarial puede no convertirlo en productividad.

Puede disponer de un enorme mercado.

Pero sin empresas capaces de escalar, ese mercado puede ser aprovechado por compañías extranjeras.

Puede generar datos.

Pero si la infraestructura digital está controlada externamente, capturará una parte limitada del valor.

La economía tecnológica contemporánea obliga así a desplazar gradualmente nuestra atención:

de las dotaciones a las capacidades.


La nueva geografía del poder económico

Los capítulos anteriores permiten observar ya una transformación más profunda.

En el siglo XX, las principales fuentes de poder económico internacional estaban asociadas a:

tamaño del mercado,

industria,

capital,

energía

y moneda.

Todas ellas continúan siendo fundamentales.

Pero la revolución tecnológica añade nuevas capas:

semiconductores,

datos,

plataformas,

nube,

algoritmos,

patentes,

estándares,

talento

y capacidad computacional.

Estas capacidades pueden convertirse en nodos críticos del sistema internacional.

Quien controla un nodo que los demás necesitan obtiene una forma de poder estructural.

No necesariamente porque quiera utilizarlo de forma coercitiva.

Simplemente porque otros dependen de él.

La dependencia tecnológica introduce así una nueva dimensión en la interdependencia económica.

Y cuando los gobiernos comienzan a utilizar deliberadamente esas posiciones para influir sobre otros actores, la economía entra plenamente en el terreno de la geoeconomía.


La gran transformación: producción, finanzas y tecnología

Con este capítulo podemos cerrar la primera gran secuencia de la Parte II.

Tres transformaciones han alterado la estructura de la economía mundial.

Primera: globalización productiva

La producción deja de organizarse principalmente dentro de las fronteras nacionales y se fragmenta mediante cadenas globales de valor.

Segunda: globalización financiera

El ahorro, el crédito, los activos y los balances se integran dentro de una red financiera global dominada por una jerarquía monetaria.

Tercera: revolución tecnológica

Los datos, el software, los intangibles, las plataformas y las tecnologías críticas modifican los factores productivos y generan nuevas formas de escala y concentración.

Las tres transformaciones se refuerzan mutuamente.

La tecnología permite coordinar cadenas globales.

Las cadenas globales permiten especialización tecnológica.

Las finanzas proporcionan capital para expandir empresas.

Las plataformas generan datos.

Los datos mejoran tecnologías.

Las tecnologías aumentan productividad.

La escala genera beneficios que pueden reinvertirse.

Aparecen múltiples feedbacks.

La economía internacional comienza a comportarse cada vez menos como una suma de mercados independientes.

Se convierte en un sistema de sistemas interconectados.

Producción.

Finanzas.

Tecnología.

Energía.

Información.

Cada uno depende de los demás.

Esta es precisamente la característica que hará posible la siguiente transición del libro.

Durante la globalización de las décadas anteriores, esta interdependencia fue interpretada fundamentalmente como una fuente de eficiencia.

Pero una sucesión de shocks comenzará a mostrar su otra cara.

Pandemia.

Cuellos de botella.

Dependencia energética.

Semiconductores.

Minerales críticos.

Guerra.

Sanciones.

Rivalidad tecnológica.

Las preguntas cambiarán.

Ya no bastará con preguntar:

¿cuánto cuesta producir?

Habrá que preguntar:

¿qué ocurre si falla la cadena?

Ya no bastará con:

¿quién es más eficiente?

Habrá que añadir:

¿quién puede sustituir aquello de lo que depende?

Ya no bastará con:

¿qué tecnología es mejor?

Habrá que preguntar:

¿quién la controla?

La economía internacional comenzará entonces a desplazarse desde la lógica de la eficiencia hacia otra en la que aparecerán progresivamente:

resiliencia, seguridad, autonomía y poder.

Ese cambio abre la siguiente parte de nuestra argumentación:


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