10. Comercio, poder y geoeconomía
10.1. De la interdependencia a la interdependencia armada
10.2. Comercio como instrumento de poder
10.3. Sanciones económicas
10.4. Controles de exportación
10.5. Restricciones a la inversión
10.6. Tecnología como arma geoeconómica
10.7. Finanzas y sistemas de pagos como instrumentos de poder
10.8. Infraestructuras críticas
10.9. Dependencia y coerción económica
10.10. Autonomía estratégica
Capitulo 10. Comercio, poder y geoeconomía
Durante buena parte de la globalización contemporánea, la interdependencia económica fue interpretada principalmente como una fuente de beneficios mutuos.
El comercio permitía especialización.
La inversión conectaba ahorro y oportunidades productivas.
Las cadenas globales distribuían tareas.
Las finanzas movilizaban capital.
Las tecnologías circulaban.
La integración económica parecía, además, introducir un incentivo adicional para la estabilidad internacional.
Cuanto mayores fueran los costes económicos de un conflicto, mayores serían los incentivos para evitarlo.
Esta lógica continúa teniendo una fuerza considerable.
Las economías profundamente integradas tienen mucho que perder cuando se interrumpe el comercio.
Las empresas sufren.
Los consumidores pagan más.
Las inversiones se deterioran.
Las cadenas productivas se rompen.
Por ello, la interdependencia puede reducir determinados incentivos al conflicto.
Pero esta interpretación contiene solo una parte de la realidad.
La dependencia mutua no implica necesariamente dependencia simétrica.
Dos economías pueden necesitarse y, sin embargo, disponer de capacidades muy diferentes para soportar una interrupción.
Una puede depender de un bien fácilmente sustituible.
La otra puede depender de una tecnología sin alternativas.
Una puede encontrar nuevos compradores.
La otra puede necesitar diez años para reconstruir una capacidad productiva.
Una puede emitir la moneda utilizada por el sistema.
La otra necesita obtenerla.
Una puede controlar un nodo central de una red.
La otra depende de ese nodo para funcionar.
En esas circunstancias, la interdependencia genera no solo eficiencia.
También puede generar poder.
La economía internacional entra entonces en el terreno de la geoeconomía.
Podemos entender la geoeconomía como el uso de instrumentos, capacidades y relaciones económicas para alcanzar objetivos estratégicos o políticos.
Comercio.
Finanzas.
Tecnología.
Inversión.
Energía.
Infraestructuras.
Sanciones.
Controles de exportación.
Todos ellos pueden ser mecanismos económicos y, al mismo tiempo, instrumentos de influencia.
Esto no significa que la economía internacional se haya convertido simplemente en una continuación de la geopolítica.
La mayoría de las transacciones continúan respondiendo a incentivos comerciales.
Las empresas buscan beneficios.
Los consumidores buscan precio y calidad.
Los inversores buscan rentabilidad.
Pero cuando determinadas dependencias se concentran, los gobiernos adquieren incentivos para preguntarse:
¿qué relaciones económicas pueden convertirse en instrumentos de presión?
Y también:
¿qué dependencias podrían utilizar otros contra nosotros?
Esta doble pregunta constituye uno de los puntos de entrada hacia la competencia sistémica.
10.1. De la interdependencia a la interdependencia armada
La interdependencia económica no es nueva.
Tampoco lo es su utilización política.
Embargos.
Bloqueos.
Restricciones comerciales.
Sanciones.
Control de rutas.
Estas herramientas han acompañado durante siglos a los conflictos entre Estados.
Lo que cambia en la economía contemporánea es la densidad y complejidad de las redes.
Las cadenas globales de valor conectan miles de empresas.
Las finanzas globales utilizan infraestructuras comunes.
La economía digital depende de plataformas, software y semiconductores.
Los sistemas de pagos atraviesan redes altamente concentradas.
La producción industrial utiliza componentes fabricados por pocos proveedores.
Esta estructura crea nodos.
Y determinados nodos pueden adquirir una importancia desproporcionada.
Henry Farrell y Abraham Newman han utilizado el concepto de weaponized interdependence para describir precisamente cómo los actores que ocupan posiciones centrales dentro de determinadas redes globales pueden utilizar esas posiciones para:
obtener información,
restringir accesos
o
ejercer coerción.
La idea es importante porque desplaza el análisis desde el volumen de comercio hacia la estructura de la red.
No importa solamente cuánto comercian dos países.
Importa:
por qué canales,
mediante qué empresas,
utilizando qué moneda,
con qué tecnología,
a través de qué infraestructura
y con cuántas alternativas.
Una economía que controla un nodo imprescindible puede disponer de una capacidad de influencia muy superior a la que sugerirían simplemente su PIB o su participación comercial.
La interdependencia deja entonces de ser únicamente una relación bilateral.
Se convierte en una arquitectura.
10.2. Comercio como instrumento de poder
El comercio puede utilizarse políticamente de múltiples maneras.
Un Estado puede:
restringir exportaciones,
limitar importaciones,
aumentar aranceles,
imponer embargos,
suspender licencias,
restringir determinados productos
o
condicionar acceso a su mercado.
El poder de estas medidas depende de la estructura económica.
Supongamos que un país amenaza con dejar de comprar un producto.
La medida tendrá poca capacidad de presión si el exportador puede encontrar fácilmente compradores alternativos.
Pero puede ser muy poderosa si el mercado que desaparece representa una proporción elevada de sus ventas y existen pocas alternativas.
De manera similar, una restricción a las exportaciones será especialmente efectiva cuando el comprador dependa de un producto:
crítico,
concentrado
y
difícil de sustituir.
Por tanto, la capacidad de coerción comercial depende de dos tipos de elasticidad.
Elasticidad del proveedor
¿Puede encontrar otros clientes?
Elasticidad del comprador
¿Puede encontrar otros proveedores?
La parte con menor capacidad de sustitución suele encontrarse en una posición más vulnerable.
Esta observación nos permite pasar de una concepción abstracta de poder hacia una formulación más operativa.
El poder económico no depende únicamente de cuánto controla un actor.
Depende también de cuántas alternativas tienen los demás.
10.3. Sanciones económicas
Las sanciones constituyen uno de los instrumentos más visibles de la geoeconomía.
Pueden adoptar formas muy distintas.
Restricciones comerciales.
Congelación de activos.
Limitaciones financieras.
Prohibiciones de inversión.
Restricciones tecnológicas.
Bloqueos sobre determinadas empresas.
Limitaciones de acceso a mercados.
Su objetivo puede ser:
modificar comportamiento,
elevar costes,
reducir capacidad económica,
impedir acceso a recursos
o
señalar una posición política.
Pero la efectividad de las sanciones nunca es automática.
Depende de múltiples variables.
Tamaño de la coalición
Una sanción aplicada por un único país puede ser relativamente fácil de eludir si existen mercados alternativos.
Una coalición amplia puede aumentar significativamente su impacto.
Sustituibilidad
Si el país sancionado puede encontrar rápidamente nuevos proveedores, compradores o intermediarios, la medida pierde eficacia.
Capacidad de adaptación
Una economía puede desarrollar sustitutos, reorganizar cadenas o redirigir comercio.
Horizonte temporal
Algunas sanciones producen efectos inmediatos.
Otras buscan deteriorar capacidades durante años.
Coste para quien sanciona
Una medida puede perjudicar también a empresas y consumidores del país que la impone.
Aplicación
Las restricciones necesitan supervisión y capacidad para impedir evasiones.
Por tanto, analizar una sanción exige ir mucho más allá de anunciar su existencia.
Hay que estudiar:
qué canal intenta bloquear, qué alternativas existen y quién puede soportar durante más tiempo los costes.
10.4. Controles de exportación
Los controles de exportación representan una forma especialmente importante de geoeconomía tecnológica.
En lugar de impedir importaciones, un país limita la venta al exterior de determinados:
productos,
componentes,
tecnologías,
software,
maquinaria
o conocimientos.
Tradicionalmente, estos controles estuvieron asociados especialmente a tecnologías militares o de doble uso.
Pero la creciente integración entre tecnología civil y capacidad estratégica ha ampliado enormemente su relevancia.
Un semiconductor avanzado puede utilizarse en:
inteligencia artificial,
industria,
telecomunicaciones
o defensa.
Una determinada máquina industrial puede ser esencial para fabricar componentes estratégicos.
Un software puede desempeñar funciones críticas en múltiples sectores.
En estas condiciones, controlar el acceso a una tecnología puede afectar no solo al comercio actual, sino a la capacidad futura de producir.
Esta diferencia es fundamental.
Un arancel actúa principalmente sobre:
precio.
Un control tecnológico puede actuar sobre:
capacidad.
Si una economía no puede acceder a una tecnología esencial para desarrollar una industria, el efecto puede acumularse durante años.
La política comercial entra así en un terreno cualitativamente diferente.
La pregunta deja de ser únicamente:
¿cuánto comercio estamos restringiendo?
Pasa a ser:
¿qué trayectoria tecnológica estamos intentando alterar?
10.5. Restricciones a la inversión
La inversión extranjera fue durante décadas interpretada principalmente mediante una lógica de eficiencia.
Aporta:
capital,
tecnología,
empleo,
conocimiento
y
acceso a mercados.
Pero cuando determinados activos adquieren importancia estratégica, los Estados comienzan a preocuparse también por:
quién los posee,
quién accede a su tecnología,
quién controla sus datos
y
qué capacidades pueden transferirse mediante una adquisición.
Esto ha impulsado un mayor escrutinio de determinadas inversiones extranjeras.
La preocupación puede surgir especialmente en:
infraestructuras críticas,
telecomunicaciones,
defensa,
semiconductores,
tecnologías avanzadas,
energía
o datos sensibles.
Aparece así una tensión entre dos objetivos.
Apertura a la inversión
Favorece financiación, competencia y transferencia tecnológica.
Seguridad económica
Busca evitar transferencias de capacidades consideradas críticas.
El problema es definir correctamente la frontera.
Si todo activo se considera estratégico, la inversión internacional se deteriora.
Si ninguno lo es, una economía puede perder control sobre capacidades difíciles de reconstruir.
Nuevamente necesitamos criterios.
La política no puede descansar únicamente sobre intuiciones geopolíticas.
Debe identificar:
criticidad,
externalidades,
dependencias,
tecnología
y coste de sustitución.
10.6. Tecnología como arma geoeconómica
La tecnología posee una característica que la diferencia de muchas materias primas.
Puede generar dependencias acumulativas.
Una empresa que adopta una arquitectura tecnológica invierte posteriormente en:
formación,
software,
equipos,
proveedores
y procesos compatibles.
Cuanto más tiempo utiliza el sistema, mayores pueden ser los costes de cambiar.
Aparece un lock-in.
Esto convierte determinadas tecnologías en instrumentos potencialmente poderosos.
Sistemas operativos.
Infraestructura de nube.
Semiconductores.
Software industrial.
Telecomunicaciones.
Estándares.
Quien controla una tecnología crítica puede condicionar:
actualizaciones,
licencias,
compatibilidad,
acceso
o transferencia.
El poder tecnológico puede entonces adoptar dos formas.
Poder de exclusión
Capacidad para impedir a otro actor acceder a una tecnología.
Poder de estructuración
Capacidad para definir el estándar o ecosistema alrededor del cual otros deben organizar sus actividades.
La segunda forma puede ser incluso más importante.
Un actor no necesita amenazar continuamente con excluir.
Si miles de empresas construyen espontáneamente sus actividades alrededor de su tecnología, la dependencia queda incorporada en la propia estructura del mercado.
La influencia se vuelve sistémica.
10.7. Finanzas y sistemas de pagos como instrumentos de poder
La centralidad del dólar analizada en el capítulo 7 proporciona otro ejemplo de poder estructural.
Una gran parte de:
reservas,
financiación,
deuda,
transacciones
y activos seguros
del sistema mundial está vinculada a infraestructuras financieras dominadas o fuertemente influenciadas por Estados Unidos y sus aliados.
Esta posición facilita el uso de sanciones financieras.
Un actor que depende del acceso a:
dólares,
bancos internacionales,
mercados de capital,
servicios financieros
o determinadas redes de pagos
puede sufrir costes significativos si se restringe ese acceso.
La diferencia con una restricción comercial tradicional es importante.
Un arancel afecta productos concretos.
Una restricción financiera puede afectar simultáneamente la capacidad de una economía para:
pagar,
financiarse,
invertir,
importar
y realizar transacciones.
Por eso el poder monetario puede tener efectos transversales.
Pero también genera incentivos para buscar alternativas.
Cuanto más se utiliza una infraestructura como instrumento de coerción, mayores pueden ser los incentivos de otros actores para desarrollar:
sistemas alternativos,
nuevas monedas de facturación,
reservas diferentes
o canales de pagos paralelos.
Aparece así una tensión:
utilizar una posición dominante genera poder hoy, pero puede estimular intentos de reducir esa dependencia mañana.
No existe una garantía de que esos intentos tengan éxito.
Pero el incentivo aparece.
10.8. Infraestructuras críticas
El poder económico contemporáneo no reside únicamente en bienes o monedas.
También reside en las infraestructuras que permiten funcionar al sistema.
Puertos.
Redes eléctricas.
Telecomunicaciones.
Centros de datos.
Satélites.
Cables submarinos.
Sistemas de pagos.
Nube.
Infraestructuras logísticas.
Estas redes presentan varias características.
Suelen requerir grandes inversiones.
Tienen economías de escala.
Pueden estar muy concentradas.
Y numerosos sectores dependen simultáneamente de ellas.
Por ello, el fallo o control de una infraestructura puede producir efectos mucho mayores que su peso directo en el PIB.
Esta diferencia nos devuelve a la distinción entre:
valor económico
y
valor sistémico.
Una infraestructura puede representar una proporción limitada de la actividad económica y, sin embargo, ser imprescindible para que el resto funcione.
Por ello, la política de seguridad económica debe identificar no únicamente sectores “importantes”, sino auténticos nodos sistémicos.
10.9. Dependencia y coerción económica
Una dependencia estratégica puede existir sin que nadie intente aprovecharla.
La coerción aparece cuando un actor intenta utilizar deliberadamente esa dependencia para alterar el comportamiento de otro.
Podemos representar el proceso de forma simplificada:
dependencia → vulnerabilidad → amenaza creíble → coerción potencial.
Pero no toda dependencia puede convertirse fácilmente en coerción.
Para que una amenaza resulte creíble deben cumplirse varias condiciones.
El actor que amenaza debe controlar realmente el nodo.
Debe ser capaz de restringirlo.
El objetivo debe sufrir costes significativos.
Y el actor coercitivo debe estar dispuesto a soportar sus propios costes.
Esta última dimensión es fundamental.
La interdependencia suele ser recíproca.
Un proveedor puede necesitar al cliente.
Un exportador puede depender de los ingresos.
Un acreedor puede sufrir si el deudor colapsa.
Una empresa que corta suministro puede destruir su propio mercado.
Por tanto, la relación relevante no es:
dependencia de A respecto a B.
Es:
dependencia de A respecto a B comparada con dependencia de B respecto a A.
Aparece el concepto de interdependencia asimétrica.
El poder económico nace menos de la ausencia absoluta de dependencia que de una mayor capacidad relativa para soportar la ruptura.
Podríamos expresarlo así:
El actor con mayor capacidad de sustitución y mayor tolerancia al coste dispone de mayor poder de negociación.
Esto conecta directamente con resiliencia.
La resiliencia no sirve únicamente para afrontar accidentes.
También modifica relaciones de poder.
Una economía capaz de absorber una interrupción dispone de mayor libertad para resistir presiones.
10.10. Autonomía estratégica
La preocupación por estas dependencias ha llevado a recuperar el concepto de autonomía estratégica.
Pero el término puede inducir a confusión.
Autonomía no significa autosuficiencia.
Ninguna economía avanzada puede producir eficientemente todo aquello que necesita.
Intentarlo generaría costes enormes.
Una definición más útil sería:
capacidad suficiente para tomar decisiones esenciales sin quedar sometido a dependencias externas que hagan inviable ejercerlas.
Esta definición tiene varias implicaciones.
La autonomía es relativa.
Puede existir en unos ámbitos y no en otros.
Un país puede ser autónomo:
alimentariamente,
pero dependiente energéticamente.
Puede poseer:
capacidad militar,
pero depender de semiconductores.
Puede disponer de:
industria,
pero depender de financiación externa.
No existe, por tanto, una única variable llamada autonomía.
Debe descomponerse en capacidades específicas.
Esto encaja directamente con el enfoque RMS.
10.11. Autonomía no significa producirlo todo
Un error frecuente consiste en identificar seguridad económica con relocalización total.
Pero una economía puede aumentar resiliencia sin fabricar domésticamente cada componente.
Puede:
diversificar proveedores,
establecer acuerdos con aliados,
mantener stocks,
desarrollar capacidad de emergencia,
utilizar estándares interoperables,
crear reservas estratégicas,
financiar nuevas fuentes de suministro
o desarrollar tecnologías alternativas.
La producción doméstica es solo una herramienta entre muchas.
En algunos casos será adecuada.
En otros, prohibitivamente costosa.
Por ello, debemos distinguir entre:
autonomía de producción
y
autonomía de acceso.
Una economía puede no producir un bien y, sin embargo, disponer de acceso muy resiliente mediante múltiples proveedores fiables.
Esta idea será especialmente importante para Europa.
La autonomía estratégica europea no puede consistir en replicar internamente todas las capacidades existentes en Estados Unidos o China.
Debe identificar aquellas áreas donde:
la dependencia genera una vulnerabilidad inaceptable
y
el coste de crear alternativas resulta razonable.
10.12. El coste de la autonomía
Toda reducción de dependencia tiene un precio.
Diversificar puede exigir proveedores más caros.
Reubicar producción puede aumentar costes laborales.
Mantener inventarios inmoviliza capital.
Construir fábricas requiere inversión pública o privada.
Duplicar infraestructuras reduce economías de escala.
Restringir inversión puede limitar financiación.
Por tanto, la autonomía no es un objetivo gratuito.
Existe un trade-off entre:
eficiencia
y
margen de decisión.
La cuestión correcta no es maximizar autonomía.
Sería extraordinariamente costoso.
La cuestión es determinar:
qué nivel de dependencia resulta compatible con la capacidad de decisión que una sociedad desea conservar.
Esto convierte la autonomía estratégica en un problema económico mensurable.
10.13. La reciprocidad como problema económico
La geoeconomía plantea también una cuestión de reciprocidad.
Un sistema comercial abierto presupone ciertas condiciones.
Acceso razonablemente comparable a mercados.
Cumplimiento de reglas.
Tratamiento no discriminatorio.
Protección de derechos.
Transparencia.
Cuando dos economías operan con sistemas institucionales muy diferentes, estas condiciones pueden volverse difíciles de evaluar.
Una economía puede permitir:
inversión extranjera,
adquisición de empresas,
contratación pública
o acceso a determinados sectores,
mientras otra mantiene restricciones significativas.
La apertura unilateral puede seguir generando beneficios económicos.
Pero también puede producir acumulación asimétrica de capacidades.
El problema deja entonces de ser exclusivamente:
¿es eficiente abrir nuestro mercado?
y pasa a incluir:
¿cómo afecta una apertura asimétrica a la estructura productiva y estratégica a largo plazo?
Esta pregunta será especialmente importante cuando analicemos la respuesta europea a la competencia sistémica.
10.14. Poder estructural y poder relacional
Conviene distinguir dos formas de poder económico.
Poder relacional
Un actor intenta directamente modificar el comportamiento de otro.
Por ejemplo:
amenaza con imponer una sanción
o
suspender un suministro.
Existe una relación identificable entre quien ejerce la presión y quien la recibe.
Poder estructural
Un actor controla una posición cuya propia existencia condiciona las opciones de otros.
No necesita amenazar constantemente.
Si una moneda domina la financiación internacional, quien necesita esa financiación debe adaptarse a las condiciones del sistema.
Si un estándar tecnológico domina un mercado, las empresas se organizan alrededor de él.
Si una plataforma concentra usuarios, los productores tienen incentivos para participar.
Este segundo poder puede ser menos visible, pero más profundo.
No obliga mediante una orden directa.
Estructura el espacio de posibilidades.
Para la economía internacional del siglo XXI, esta distinción es fundamental.
La competencia sistémica no consiste únicamente en quién puede sancionar más.
Consiste también en:
quién establece estándares,
quién posee infraestructuras,
quién controla tecnologías,
quién emite monedas,
quién organiza cadenas
y
quién dispone de ecosistemas que otros necesitan utilizar.
10.15. De la dependencia estratégica a una matriz de poder
La matriz de dependencia desarrollada en el capítulo anterior puede ampliarse ahora.
Para evaluar la capacidad geoeconómica debemos analizar no solo nuestra dependencia, sino también la relación bilateral o sistémica.
Una primera matriz debería incorporar al menos:
1. Criticidad
¿Qué importancia tiene el recurso o tecnología?
2. Concentración
¿Cuántos actores pueden proporcionarlo?
3. Sustituibilidad
¿Existen alternativas?
4. Tiempo de sustitución
¿Cuánto tardamos en activarlas?
5. Dependencia inversa
¿Cuánto depende el proveedor de nosotros?
6. Control efectivo
¿Puede realmente restringir el acceso?
7. Coste de coerción
¿Qué pierde el actor que utiliza la herramienta?
8. Capacidad de adaptación
¿Puede el objetivo reorganizarse?
9. Coaliciones
¿Existen terceros capaces de alterar el equilibrio?
10. Persistencia
¿La ventaja es temporal o estructural?
Esta ampliación nos permite pasar de un análisis simple de dependencia a otro de poder potencial.
10.16. SOEI y SOIE: dos direcciones de la dependencia
Dentro del marco RMS resulta útil distinguir dos perspectivas complementarias.
La primera analiza nuestra exposición hacia el exterior:
qué necesitamos,
de quién depende,
qué alternativas poseemos
y cuánto tardaríamos en sustituirlo.
Podemos conceptualizarla como una lectura SOEI: Sistema–Organización–Exposición Internacional.
La segunda analiza la dirección inversa:
qué capacidades controlamos nosotros,
quién depende de ellas,
qué posición ocupamos dentro de la red
y qué margen estratégico generan.
Podemos denominarla SOIE: Sistema–Organización–Influencia Exterior.
Ambas perspectivas deben estudiarse conjuntamente.
Una economía puede poseer importantes dependencias y también capacidades de influencia.
El resultado neto dependerá de la interacción entre ambas.
Este enfoque evita una visión exclusivamente defensiva de la seguridad económica.
No se trata únicamente de reducir vulnerabilidades.
También se trata de comprender:
qué capacidades propias generan valor estratégico.
10.17. El dilema de la geoeconomía
La utilización de instrumentos económicos como mecanismos de seguridad contiene finalmente una contradicción importante.
La interdependencia genera poder precisamente porque existe interdependencia.
Pero si los Estados utilizan repetidamente esas relaciones como instrumentos coercitivos, las empresas y gobiernos tendrán incentivos para reducirlas.
Aparece una dinámica potencial:
interdependencia → coerción → reducción de dependencia → fragmentación.
Por tanto, el uso excesivo del poder económico puede erosionar la propia estructura que genera ese poder.
Un país dominante debe enfrentarse a una decisión.
Puede utilizar agresivamente sus posiciones centrales.
Pero cuanto más lo haga, más incentivará:
diversificación,
autonomía,
sistemas alternativos
y nuevas alianzas.
Esto no significa que las alternativas sean fáciles de construir.
Las economías de red pueden hacer muy persistentes las posiciones dominantes.
Pero el incentivo estratégico aparece.
La geoeconomía es, por tanto, un juego dinámico.
Los actores reaccionan.
Del comercio como intercambio al comercio como estructura de poder
La transformación estudiada en este capítulo puede resumirse mediante una secuencia histórica.
En la economía internacional clásica, el comercio se analizaba fundamentalmente como:
intercambio.
Después comenzó a estudiarse también como:
distribución.
Con la nueva teoría del comercio:
escala y competencia estratégica.
Con las cadenas globales:
organización productiva.
Y con la geoeconomía aparece una nueva dimensión:
poder.
Todas ellas continúan coexistiendo.
Un mismo flujo comercial puede ser simultáneamente:
eficiente,
distributivamente desigual,
productivamente estratégico
y geopolíticamente sensible.
El error consiste en reducirlo a una única dimensión.
La economía internacional del siglo XXI necesita analizarlas conjuntamente.
De la eficiencia al poder de decisión
Los capítulos 9 y 10 permiten formular ya una secuencia que será central para RMS:
recursos → capacidades → dependencias → resiliencia → poder de decisión.
Una economía dispone de recursos.
Mediante determinados mecanismos los transforma en capacidades.
Sus capacidades determinan qué debe obtener del exterior.
La estructura de esas dependencias determina su vulnerabilidad.
Su resiliencia determina cuánto puede soportar una interrupción.
Y esa capacidad de soportar costes condiciona finalmente su margen de decisión.
Este último punto es fundamental.
La autonomía no es una declaración jurídica.
Es una capacidad material.
Un Estado puede disponer formalmente del derecho a tomar una decisión.
Pero si esa decisión provoca inmediatamente:
colapso energético,
interrupción tecnológica,
crisis financiera
o incapacidad industrial,
su margen real es limitado.
Por tanto:
la capacidad de decisión constituye una dimensión económica del poder.
Esta será una de las proposiciones fundamentales del marco RMS.
La siguiente transformación: del poder a la política industrial
Una vez que las economías comienzan a analizar sus dependencias desde una perspectiva estratégica, surge inevitablemente una pregunta:
¿qué capacidades necesitamos construir?
Y esta pregunta conduce directamente al regreso de la política industrial.
Si una tecnología es crítica,
si una cadena está excesivamente concentrada,
si una capacidad requiere décadas de aprendizaje,
si una industria genera externalidades,
o si una economía considera que determinadas dependencias limitan excesivamente su autonomía,
el Estado puede intentar modificar deliberadamente la estructura productiva.
Subsidios.
Crédito.
Compras públicas.
Investigación.
Infraestructura.
Regulación.
Protección temporal.
Pero esto nos devuelve a un problema que ya conocimos en el capítulo 3:
la política industrial puede construir capacidades,
pero también puede generar:
rentismo,
captura,
sobreinversión
e ineficiencia.
La nueva política industrial deberá, por tanto, demostrar que puede responder a los desafíos de la competencia sistémica sin olvidar las lecciones de la economía clásica.
Ese será el objeto del siguiente capítulo:
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