China y la transformación del sistema internacional
Pocas transformaciones económicas han alterado tanto la estructura de la economía mundial en tan poco tiempo como la incorporación de China al sistema internacional.
Durante las últimas décadas del siglo XX, China comenzó una transición gradual desde una economía ampliamente planificada y relativamente cerrada hacia un modelo mucho más integrado en los mercados internacionales.
Las reformas iniciadas a finales de los años setenta permitieron:expansión de la iniciativa privada,entrada de inversión extranjera,creación de zonas económicas especiales,desarrollo industrial,urbanización,transferencia tecnológicay una creciente orientación hacia las exportaciones.
Pero el verdadero salto sistémico se produjo con su incorporación a la Organización Mundial del Comercio en 2001.
A partir de ese momento, una economía con:más de mil millones de habitantes,enorme disponibilidad de trabajo,altas tasas de ahorro,capacidad estatal significativa,un mercado interno potencialmente gigantesco y una estrategia explícita de industrialización se integró plenamente en una economía mundial que acababa de construir las infraestructuras tecnológicas, logísticas e institucionales necesarias para fragmentar internacionalmente la producción.
La coincidencia fue extraordinariamente importante.
La revolución digital permitía coordinar cadenas de producción a grandes distancias.
La contenedorización había reducido los costes logísticos.
Las multinacionales buscaban reducir costes.
Los mercados occidentales estaban ampliamente abiertos.
Y China ofrecía:mano de obra abundante,infraestructuras crecientes,capacidad manufacturera,
estabilidad política,inversión públicay un entorno favorable a la producción exportadora.
La globalización productiva encontró así una plataforma de escala sin precedentes.
China se integró inicialmente dentro de cadenas globales organizadas en gran medida por empresas extranjeras.
Pero esa integración no sería el final del proceso.
Sería el comienzo.
Durante las siguientes décadas, el país acumularía:infraestructuras,proveedores,capital,conocimiento,
ingenieros,empresas,tecnologíay escala productiva.
La gran transformación no consistió únicamente en que China exportase más.
Consistió en que desarrolló progresivamente un sistema industrial completo.
Y cuando una economía de esa dimensión modifica sus capacidades productivas, no cambia únicamente su posición relativa.
Cambia también el entorno en el que operan los demás.
Ahí comienza la transición de China desde economía integrada en la globalización hacia actor sistémico.
6.1. La entrada de China en la OMC
La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001 constituyó uno de los acontecimientos económicos más importantes del comienzo del siglo XXI.
La incorporación proporcionó a las empresas internacionales un marco mucho más previsible para comerciar e invertir en China.
Al mismo tiempo, China obtuvo un acceso mucho más estable a los principales mercados mundiales.
La lógica dominante en aquel momento era coherente con el paradigma analizado en la Parte I.
La apertura comercial generaría especialización.
La especialización aumentaría eficiencia.
La inversión extranjera trasladaría capital y tecnología.
Las exportaciones impulsarían crecimiento.
El aumento de la renta ampliaría el mercado interno chino.
Y una mayor integración económica reforzaría progresivamente la convergencia institucional.
Desde el punto de vista económico, muchas de estas expectativas se cumplieron parcialmente.
La integración produjo enormes ganancias.
China experimentó una extraordinaria expansión económica.
Millones de trabajadores se desplazaron desde actividades rurales de baja productividad hacia manufacturas y servicios urbanos.
Las multinacionales accedieron a una base productiva de enormes dimensiones.
Los consumidores occidentales pudieron adquirir productos a precios inferiores.
Las empresas integraron proveedores chinos en sus cadenas.
La inflación de numerosos bienes manufacturados se redujo.
La productividad global aumentó.
China se convirtió en uno de los motores del crecimiento mundial.
Pero la magnitud del proceso superó las expectativas iniciales.
La cuestión no era únicamente que una economía se estuviera incorporando al comercio mundial.
Era la incorporación simultánea de:centenares de millones de trabajadores,una enorme capacidad de inversión,un Estado capaz de desarrollar infraestructuras a gran velocidad,una elevada tasa de ahorro y una estrategia industrial orientada a escalar producción.
El resultado fue un shock de oferta mundial de dimensiones históricas.
Hasta hace unos meses la OMC de forma incomprensible aún consideraba a China como un pais en desarrollo, con todas las ventajas que seguía obteniendo (1)
6.2. Industrialización, inversión y exportaciones
El crecimiento chino no puede explicarse únicamente por salarios bajos.
Numerosos países disponían de costes laborales inferiores y no reprodujeron la trayectoria china.
La competitividad china fue el resultado de una combinación mucho más amplia.
Entre sus principales componentes se encontraban:
Inversión masiva; infraestructuras; urbanización; educación y capital humano; capacidad manufacturera;integración logística;inversión extranjera;crédito;política industrial;y acceso a mercados internacionales.
Durante décadas, China mantuvo tasas extraordinariamente elevadas de inversión.
Se construyeron:carreteras,puertos,ferrocarriles,redes eléctricas,zonas industriales,ciudades,instalaciones manufactureras y posteriormente infraestructuras digitales.
Esta acumulación de capital redujo enormemente los costes de operar dentro del sistema productivo chino.
Una empresa extranjera podía encontrar: proveedores cercanos, buenas conexiones portuarias, trabajadores industriales, infraestructura energética, capacidad logística y autoridades locales interesadas en atraer inversión.
La competitividad no procedía únicamente del salario del trabajador.
Procedía progresivamente del ecosistema.
Esta diferencia es fundamental.
Un país puede ofrecer mano de obra barata.
Pero si necesita importar casi todos los componentes, tiene infraestructuras deficientes, suministro energético inestable y proveedores poco desarrollados, el coste final de producción puede seguir siendo elevado.
China fue construyendo precisamente lo contrario:densidad productiva.
Cuantas más empresas se instalaban, mayor era el número de proveedores.
Cuantos más proveedores aparecían, más atractivo resultaba producir allí.
Cuanto mayor era la producción, más justificadas estaban nuevas infraestructuras.
Cuanto mejores eran las infraestructuras, más producción podía atraerse.
Aparecía un poderoso proceso acumulativo:inversión → escala → proveedores → reducción de costes → más inversión → más escala.
Este mecanismo será fundamental para comprender por qué determinadas ventajas industriales terminan siendo difíciles de reproducir.
6.3. El primer China Shock
La rápida expansión de las exportaciones manufactureras chinas produjo importantes efectos sobre las economías avanzadas.
Uno de los conceptos más conocidos para describir este proceso es el China Shock.
La literatura asociada especialmente a David Autor, David Dorn y Gordon Hanson mostró que el aumento de la competencia importadora china tuvo efectos muy intensos y geográficamente concentrados en determinadas regiones manufactureras de Estados Unidos.
Esto modificó una parte importante de la percepción tradicional sobre el ajuste comercial.
El marco agregado podía sugerir que los trabajadores desplazados de sectores sometidos a mayor competencia se trasladarían progresivamente hacia otras actividades.
Pero la evidencia mostró que esos ajustes podían ser:lentos,costosos,geográficamente concentrados y persistentes.
Una ciudad dependiente de una industria no pierde únicamente empleos directos.
Puede perder: proveedores, salarios, recaudación fiscal, actividad comercial, valor inmobiliario, capital humano y expectativas de inversión.
La pérdida de una fábrica puede propagarse por el territorio.
Por tanto, el efecto del shock comercial no debe analizarse únicamente mediante el número de trabajadores directamente afectados.
Puede generar efectos multiplicadores locales.
La experiencia confirmó una idea que la propia teoría económica ya permitía anticipar:
las ganancias agregadas del comercio pueden coexistir con pérdidas muy intensas para determinados grupos.
Pero añadió algo más.
La velocidad del ajuste importa.
Si una economía tarda décadas en reasignar trabajadores, empresas y capital, la transición no puede tratarse como un detalle temporal menor.
El tiempo forma parte del coste económico.
El primer China Shock mostró así uno de los límites de analizar el comercio únicamente mediante promedios nacionales.
La geografía económica importa.
La estructura productiva importa.
Las habilidades específicas importan.
Las instituciones de adaptación importan.
Y la capacidad de una región para generar nuevas actividades después de perder las anteriores importa enormemente.
Esta experiencia será central posteriormente para nuestro marco RMS.
Un shock no produce los mismos efectos en todos los territorios.
Su impacto depende de las capacidades de adaptación existentes antes del shock.
6.4. China y las cadenas globales de valor
Durante su primera gran fase de integración, China ocupó frecuentemente posiciones asociadas a:
fabricación, procesamiento y ensamblaje.
Empresas extranjeras diseñaban productos y controlaban marcas, tecnología y distribución mientras la producción se realizaba parcialmente en China.
Esta estructura permitió una incorporación extraordinariamente rápida al comercio internacional.
China no necesitó construir desde el principio todas las capacidades necesarias para desarrollar productos completos.
Podía incorporarse realizando determinadas etapas de cadenas existentes.
Este mecanismo coincide con la lógica descrita en el capítulo anterior
La globalización productiva permite a una economía industrializarse por tareas.
Pero China no permaneció inmóvil dentro de esas tareas.
Con el tiempo comenzó a producir una proporción creciente de componentes domésticamente.
Aparecieron proveedores locales.
Empresas nacionales desarrollaron nuevas capacidades.
Ingenieros adquirieron experiencia.
Las cadenas industriales se hicieron más profundas.
La proporción de valor añadido doméstico aumentó en múltiples actividades.
Este proceso puede describirse como upgrading.
La economía avanza desde tareas relativamente simples hacia actividades más complejas.
La trayectoria puede adoptar diferentes formas:ensamblaje → componentes → ingeniería → diseño → tecnología → marcas globales.
No todas las empresas ni industrias siguieron la misma secuencia.
Pero el movimiento general fue significativo.
China dejó progresivamente de ser únicamente un lugar en el que empresas extranjeras fabricaban productos.
Comenzó a generar empresas capaces de diseñar, financiar, fabricar y vender productos propios.
La distinción es fundamental.
Una economía que ensambla productos diseñados por otros participa en una cadena.
Una economía que controla proveedores, tecnología y empresas líderes comienza a organizar partes de la cadena.
Y esto modifica radicalmente su posición dentro de la economía internacional.
6.5. Ahorro, inversión y superávit exterior
La transformación industrial china estuvo relacionada también con una estructura macroeconómica particular.
Durante buena parte de su crecimiento, China mantuvo:tasas de ahorro muy elevadas, niveles extraordinarios de inversión y, durante diferentes períodos, importantes superávits externos.
La elevada tasa de ahorro tiene múltiples explicaciones.
Entre ellas: estructura demográfica, limitaciones históricas de la protección social, comportamiento precautorio de los hogares, elevado ahorro empresarial, finanzas públicas y particularidades del sistema financiero.
Al mismo tiempo, la estructura económica favoreció durante largos períodos una gran acumulación de capital.
El resultado fue una economía especialmente orientada hacia: inversión y producción.
Esta configuración permitió construir capacidades industriales con enorme rapidez.
Pero también generó tensiones.
Una economía que produce mucho y cuyo consumo representa una proporción relativamente reducida de su renta necesita encontrar demanda para su producción.
Parte puede absorberse mediante inversión doméstica.
Parte mediante consumo interno.
Y parte mediante exportaciones.
Esta relación será especialmente relevante cuando posteriormente analicemos: sobrecapacidad,
desequilibrios globales y el segundo China Shock.
Por ahora basta con señalar una cuestión central.
La expansión exportadora china no puede interpretarse únicamente como resultado microeconómico de empresas competitivas.
Está relacionada también con la estructura macroeconómica del modelo de crecimiento.
Producción, ahorro, inversión, consumo y comercio exterior forman parte del mismo sistema.
Esto nos obliga a reunir dos campos que frecuentemente se analizan por separado:teoría del comercio y macroeconomía internacional.
La teoría clásica parte de una idea razonable: cada país se especializa en aquello que produce relativamente mejor, comercia con los demás y todos ganan eficiencia. Pero ese marco presupone, de forma más o menos implícita, que los países aceptan cierta especialización dentro de un sistema de reglas relativamente estable.
El caso chino rompe esa lógica.
China no se ha limitado a especializarse en una parte de la cadena. Ha escalado simultáneamente toda la cadena de valor: materias primas, refinado, componentes, maquinaria, fábricas, logística, financiación, crédito dirigido, una divisa infravalorada, con tecnología, plataformas, estándares y exportación final.
Ahí el problema deja de ser ventaja comparativa clásica y pasa a ser ventaja sistémica construida.
La diferencia es esta:
Ventaja comparativa clásica:
“Produzco aquello en lo que soy relativamente más eficiente.”
Competencia sistémica china:
“Uso Estado, crédito, escala, subsidios, divisa, aprendizaje industrial y mercado interno para volverme eficiente en cada capa estratégica.”
Ese cambio es fundamental para RMS.
6.6. Política industrial y capitalismo dirigido
Una de las características distintivas del desarrollo chino ha sido la coexistencia de mecanismos de mercado con una intensa intervención estatal.
Definir este modelo mediante una única etiqueta resulta difícil.
No es una economía planificada tradicional.
Tampoco corresponde a una economía liberal de mercado convencional.
En ella conviven: empresas privadas,empresas estatales,gobiernos locales,bancos públicos,mercados competitivos,política industrial,objetivos estratégicos y planificación de largo plazo.
Esta combinación ha permitido coordinar recursos en determinadas direcciones.
El Estado ha utilizado diferentes instrumentos:crédito,suelo,infraestructuras,subsidios,contratación pública,regulación,empresas estatales,fondos de inversión y objetivos tecnológicos.
Pero sería incorrecto interpretar el crecimiento chino como un simple producto de subsidios estatales.
China alberga también algunos de los mercados industriales más competitivos del mundo.
En determinados sectores, numerosas empresas nacionales compiten intensamente por: precio, calidad,tecnología,velocidad y cuota de mercado.
El resultado es una combinación peculiar:coordinación estatal en determinadas prioridades + competencia empresarial extraordinariamente intensa.
Esta combinación ayuda a explicar la rapidez con la que algunas industrias chinas han reducido costes y mejorado productos.
Pero genera también importantes riesgos:sobreinversión, mala asignación de capital, exceso de capacidad,endeudamiento,captura local y supervivencia de empresas poco productivas.
Por tanto, el modelo no debe idealizarse.
La capacidad de coordinar recursos puede construir industrias.
Pero también puede producir enormes errores si las señales de mercado son insuficientes o los objetivos políticos dominan la asignación económica.
Esta dualidad será fundamental para nuestro análisis posterior.
El problema relevante no es decidir si Estado o mercado explica el crecimiento chino.
La realidad es mucho más compleja.
La pregunta es:¿cómo interactúan Estado, mercados, competencia, financiación y escala para generar determinadas capacidades?
6.7. Escala, clusters y ecosistemas industriales
Uno de los elementos más importantes del sistema productivo chino es su escala.
Pero la escala no debe medirse únicamente mediante población o PIB.
Existe también una escala industrial.
En determinadas regiones se concentran: fabricantes,proveedores,ingenieros,empresas logísticas,laboratorios,universidades,servicios especializados y financiación.
Estos clusters generan economías externas.
Una empresa puede encontrar a pocos kilómetros:componentes,maquinaria,moldes,personal técnico,
servicios logísticosy proveedores capaces de modificar rápidamente un diseño.
Esto reduce enormemente: tiempo,costes,incertidumbre y complejidad de coordinación.
El ecosistema se convierte en una ventaja productiva.
Y esa ventaja puede acumularse.
Supongamos que una región concentra inicialmente una parte importante de una industria.
Los proveedores especializados tienen incentivos para instalarse cerca.
Su presencia reduce los costes de las empresas.
Esto atrae nuevas empresas.
Las universidades adaptan formación.
Los trabajadores adquieren experiencia.
La financiación especializada aumenta.
Las infraestructuras mejoran.
La innovación se acelera.
La ventaja original se refuerza.
Estamos ante un feedback positivo.
La secuencia puede representarse así:escala → proveedores → especialización → productividad → innovación → más escala.
Este mecanismo ayuda a comprender por qué algunas industrias no pueden relocalizarse simplemente construyendo una fábrica.
Una fábrica es solo un nodo.
La capacidad productiva real puede residir en todo el sistema que la rodea.
Este punto será esencial cuando posteriormente analicemos políticas de reshoring.
Copiar una planta no significa necesariamente copiar un ecosistema.
6.8. De fábrica del mundo a potencia tecnológica
Durante años, una representación habitual describía a China como la fábrica del mundo.
La expresión captaba una parte importante de la realidad.
Pero progresivamente se volvió insuficiente.
China comenzó a avanzar hacia sectores caracterizados por:mayor intensidad tecnológica,
mayor valor añadido,mayores economías de escala y mayor relevancia estratégica.
Telecomunicaciones.
Equipamiento industrial.
Ferrocarril de alta velocidad.
Vehículos eléctricos.
Baterías.
Paneles solares.
Drones.
Comercio electrónico.
Plataformas digitales.
Inteligencia artificial.
Semiconductores, aunque con importantes dependencias en determinadas partes de la cadena.
La estrategia dejó de consistir únicamente en producir más barato.
El objetivo pasó progresivamente a ser:innovar, sustituir importaciones tecnológicas, desarrollar empresas nacionales y controlar posiciones de mayor valor dentro de las cadenas.
Esta evolución cambia la naturaleza de la competencia.
Cuando China fabricaba productos diseñados por empresas occidentales, existía una complementariedad relativamente clara.
Occidente proporcionaba: tecnología,capital,diseño y demanda.
China proporcionaba: producción,trabajo y escala.
Cuando las empresas chinas comienzan a competir también en: tecnología, marcas, diseño,
estándares y mercados globales, la relación cambia.
La complementariedad no desaparece.
Pero aumenta la competencia directa.
China ya no participa únicamente dentro de cadenas organizadas por otros.
Empieza a construir: sus propias cadenas, sus propias tecnologías y sus propias empresas líderes.
Aquí comienza la transición hacia la competencia sistémica.
6.9. El segundo China Shock
El primer China Shock estuvo asociado principalmente a la expansión de las exportaciones manufactureras intensivas en trabajo y a la integración de China en cadenas globales de producción.
El nuevo proceso que comienza a observarse décadas después tiene características diferentes.
China compite ahora crecientemente en industrias asociadas a la transición tecnológica y energética.
Entre ellas:vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, equipamiento eléctrico, maquinaria, productos químicos y otras manufacturas de creciente complejidad.
La diferencia no es únicamente sectorial.
Ha cambiado la posición china dentro del sistema.
En el primer shock, muchas empresas occidentales utilizaban China fundamentalmente como plataforma productiva.
En el segundo, empresas chinas compiten directamente con empresas occidentales en mercados globales.
Además, lo hacen desde ecosistemas industriales caracterizados por: gran escala, cadenas de proveedores densas, capacidad de inversión, competencia doméstica intensa y diferentes formas de apoyo público.
Esto plantea un problema nuevo.
Si una industria china desarrolla una enorme capacidad productiva mientras la demanda doméstica no crece al mismo ritmo, parte de esa producción buscará inevitablemente mercados externos.
Desde la perspectiva china, esto puede representar una consecuencia natural de su competitividad.
Desde la perspectiva de otros países, puede generar una presión extraordinaria sobre sus estructuras industriales.
Aparece entonces el debate sobre: sobrecapacidad.
Pero este concepto debe utilizarse cuidadosamente.
Capacidad elevada no significa automáticamente sobrecapacidad.
Precios bajos no significan automáticamente dumping.
Una empresa eficiente puede desplazar a otra simplemente porque produce mejor.
Por ello será necesario distinguir posteriormente entre: ventaja competitiva legítima, subsidios,
economías de escala, sobreinversión, demanda doméstica insuficiente y exportación estructural de excedentes.
Esta distinción será central para comprender la nueva política comercial.
6.10. China como actor sistémico
¿Qué significa afirmar que China se ha convertido en un actor sistémico?
No significa únicamente que sea una economía grande.
Muchas economías han sido grandes sin transformar por completo el funcionamiento del sistema internacional.
Un actor es sistémico cuando sus decisiones internas generan efectos significativos sobre la estructura económica de otros países.
China ha alcanzado esa posición en múltiples dimensiones.
Manufactura
Su escala productiva afecta precios, inversiones y capacidad industrial global.
Comercio
Cambios en la demanda o exportaciones chinas modifican mercados internacionales.
Materias primas
Su consumo influye sobre minerales, energía y productos agrícolas.
Tecnología
Sus empresas compiten cada vez más en industrias estratégicas.
Transición energética
Su posición en solar, baterías y vehículos eléctricos condiciona los costes globales de descarbonización.
Finanzas
Aunque su sistema financiero continúa mucho menos internacionalizado que el estadounidense, su volumen de ahorro e inversión tiene efectos internacionales relevantes.
Cadenas de suministro
Numerosas empresas dependen directa o indirectamente de proveedores chinos.
Geoeconomía
China puede utilizar acceso a mercados, financiación, materias primas, infraestructura y comercio como instrumentos de influencia.
Esto significa que la política económica china tiene efectos que trascienden sus fronteras.
Una decisión sobre crédito doméstico puede afectar precios de materias primas.
Una política industrial puede alterar la competitividad de industrias europeas.
Una regulación de exportaciones puede afectar cadenas tecnológicas globales.
Una desaceleración del consumo chino puede perjudicar exportadores situados en otros continentes.
Cuando esto ocurre, ya no estamos analizando únicamente una economía nacional.
Estamos analizando un componente fundamental del sistema internacional.
Del China Shock a la competencia sistémica
La integración de China obliga a reconsiderar algunas de las categorías analíticas desarrolladas en la Parte I.
La teoría tradicional preguntaba: ¿qué bienes puede producir China más eficientemente?
La nueva realidad obliga a añadir: ¿cómo ha construido esas capacidades?
Heckscher-Ohlin preguntaba: ¿qué factores posee China?
Ahora debemos preguntar también: ¿mediante qué mecanismos transforma esos factores en tecnología, producción y escala?
La teoría de las multinacionales preguntaba: ¿dónde localizan las empresas sus actividades?
Ahora debemos añadir: ¿qué ocurre cuando el país inicialmente receptor crea empresas capaces de organizar sus propias cadenas globales?
La política comercial clásica preguntaba: ¿qué efecto tiene un arancel o subsidio?
Ahora debemos preguntarnos también: ¿qué ocurre cuando la política industrial modifica durante décadas la estructura productiva de una economía de escala continental?
Y la macroeconomía abierta preguntaba: ¿cómo se relacionan ahorro, inversión y cuenta corriente?
Ahora debemos añadir: ¿qué consecuencias internacionales produce una economía cuyo modelo genera simultáneamente enormes capacidades productivas y una demanda interna relativamente insuficiente para absorberlas?
Estas preguntas no sustituyen a las antiguas.
Las amplían.
China desde una perspectiva RMS
La trayectoria china permite introducir de manera preliminar el marco que desarrollaremos posteriormente.
China disponía inicialmente de importantes recursos: población, trabajo, territorio, ahorro, mercado potencial.
Pero esos recursos no explican por sí solos su transformación.
Otros países disponían también de población abundante o salarios bajos.
La diferencia aparece en los mecanismos mediante los cuales esos recursos se transformaron: inversión, infraestructuras, educación, inversión extranjera, crédito, clusters, competencia, política industrial, aprendizaje y acceso a mercados globales.
Estos mecanismos generaron capacidades: fabricación, ingeniería, logística, tecnología, proveedores, empresas y escala.
La secuencia puede representarse así: recursos → mecanismos → capacidades.
Pero las capacidades producen posteriormente nuevos efectos.
Una capacidad industrial grande permite exportar.
Las exportaciones amplían escala.
La escala genera aprendizaje.
El aprendizaje reduce costes.
Los menores costes aumentan competitividad.
La competitividad amplía nuevamente producción.
Aparecen feedbacks acumulativos.
Por ello, el desarrollo económico no debe interpretarse exclusivamente como una transformación lineal.
Puede convertirse en un proceso autorreforzado.
China constituye uno de los ejemplos más claros de esta dinámica.
Una transformación con ganadores, perdedores y contradicciones
La incorporación de China a la economía internacional generó enormes beneficios.
Centenares de millones de personas mejoraron sus condiciones materiales.
Los consumidores mundiales accedieron a numerosos bienes a menor precio.
Las empresas occidentales redujeron costes.
Las cadenas globales aumentaron eficiencia.
La capacidad manufacturera global creció.
La transición energética se benefició posteriormente de reducciones extraordinarias de costes en múltiples tecnologías.
Sería incorrecto interpretar la transformación únicamente como una amenaza.
Pero sería igualmente incorrecto ignorar sus costes.
Determinadas regiones manufactureras sufrieron ajustes intensos.
Algunas economías perdieron capacidades industriales.
Aumentaron ciertas dependencias.
Los desequilibrios comerciales se ampliaron durante determinadas etapas.
Y la competencia comenzó a extenderse hacia sectores de elevado valor estratégico.
La misma integración que generaba ganancias de eficiencia comenzaba a producir nuevas tensiones.
Esta ambivalencia será recurrente durante todo el libro.
China puede ser simultáneamente: proveedor, mercado, competidor, socio tecnológico, fuente de eficiencia y origen de dependencias.
No existe una única relación económica con China.
Existen múltiples relaciones superpuestas.
La pregunta decisiva: ¿competimos con empresas o con sistemas?
La aparición de China introduce finalmente una cuestión que supera la teoría comercial convencional.
Cuando una empresa europea compite con una empresa china, ¿estamos observando únicamente una competencia entre dos empresas?
Quizá no.
Detrás de cada una existe un sistema.
Financiación.
Energía.
Infraestructura.
Proveedores.
Tecnología.
Mercado interno.
Regulación.
Capital humano.
Política industrial.
Instituciones.
Una empresa no compite aislada.
Compite utilizando las capacidades del ecosistema dentro del que opera.
Esto no significa que cada empresa china sea una extensión del Estado.
Ni que todas las decisiones estén centralmente coordinadas.
La realidad es mucho más heterogénea.
Significa algo diferente: la competitividad empresarial es parcialmente una propiedad del sistema productivo del que forma parte.
Lo mismo ocurre con una empresa estadounidense o europea.
El éxito de una compañía tecnológica estadounidense no puede separarse completamente de: universidades, capital riesgo, mercados financieros, investigación pública, inmigración cualificada y tamaño del mercado estadounidense.
Del mismo modo, las dificultades de determinadas empresas europeas no pueden entenderse separadamente de: fragmentación de mercados, energía, financiación, regulación, escala e inversión.
Esta constatación nos acerca al núcleo de la competencia sistémica.
La economía internacional del siglo XXI ya no puede analizar exclusivamente: empresa contra empresa ni producto contra producto.
En determinados sectores debemos analizar: ecosistema contra ecosistema y, progresivamente, sistema contra sistema.
China es el actor que hace visible esta transición con mayor claridad.
De la integración al reequilibrio
La primera fase de la relación económica entre China y las economías avanzadas estuvo dominada por una lógica de complementariedad.
China ofrecía producción competitiva.
Occidente aportaba tecnología, capital, marcas y demanda.
Las cadenas globales conectaban ambos espacios.
Con el tiempo, esta estructura comenzó a cambiar.
China acumuló capital.
Desarrolló empresas.
Amplió investigación.
Construyó infraestructuras.
Generó propiedad intelectual.
Entró en sectores tecnológicos.
Y comenzó a competir en actividades que anteriormente estaban concentradas en economías avanzadas.
El sistema internacional pasó así de una relación basada predominantemente en: integración
hacia otra caracterizada por una combinación de: integración + competencia + dependencia + rivalidad estratégica.
Este cambio no puede comprenderse únicamente con los instrumentos tradicionales de política comercial.
Necesitamos entender cómo se construyen capacidades.
Cómo se concentran cadenas.
Cómo se generan dependencias.
Cómo interactúan Estado y mercado.
Y cómo las decisiones de una gran economía alteran el equilibrio del sistema entero.
El ascenso de China es, por tanto, mucho más que un episodio dentro de la historia del comercio internacional.
Es una transformación de la estructura de la economía mundial.
El siguiente capítulo analizará otra dimensión de esa transformación.
Mientras China modificaba profundamente la producción y el comercio globales, las finanzas internacionales experimentaban simultáneamente una revolución propia.
Los mercados de capital se integraron.
Los bancos ampliaron sus balances internacionales.
El dólar reforzó su centralidad.
Los desequilibrios externos crecieron.
Y la crisis de 2008 demostraría que la globalización financiera había creado un sistema capaz de transmitir shocks a una velocidad y escala sin precedentes
(1) China renuncia a su estatus de país en desarrollo dentro de la OMC | Articulos.claves
Claves
(1) China no triunfa simplemente por salarios bajos, sino por la creación de un ecosistema industrial;
(2) la secuencia ensamblaje → componentes → ingeniería → tecnología → empresas líderes permite explicar el upgrading;
(3) el primer China Shock es también un problema de velocidad y capacidad de adaptación;
(4) el segundo China Shock tiene naturaleza distinta porque China ya compite desde posiciones tecnológicas y de escala mucho más avanzadas; y
(5) la competencia económica empieza a entenderse como ecosistema contra ecosistema, preparando directamente el concepto posterior de competencia sistémica.
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